Vacaciones no pagadas
Nunca (bueno, prácticamente nunca) he tenido vacaciones "pagadas".

Cuando trabajaba en la agencia de azafatas, los meses de enero (después de Reyes) y febrero no se trabajaba... pero como nuestros contratos era por servicios determinados, pues nada, contrato no renovado y al paro hasta el comienzo de la campaña de Semana Santa. Los meses de verano eran los más agotadores junto con la campaña de Navidad. Así que estaba deseando que llegaran esos meses de vacaciones forzosas no pagadas.

Después, como ama de casa y madre, jamás tuve vacaciones.

Y los últimos años sigo sin vacaciones "pagadas" al tener contrato comercial... pero deseando que llegara el mes de agosto. La oficina central cierra por vacaciones y todos tenemos este mes más o menos libre. Eso si, si no trabajas, no cobras, pero no me ha importado mucho.

Pero después del último año agónico al cambiarme de supervisor, no podía imaginarme lo que he podido desear que llegara agosto (vaya frase liosa que acabo de escribir, pero no consigo expresar de otra forma mis ansias de vacaciones que he pasado este mes de julio).

Por fin han llegado, estoy libre los próximos 30 días y aunque tengo presente que el próximo mes de septiembre será suicida por culpa de un jefecillo agonías que no sabe hacer bien su trabajo y que últimamente me está culpando a mi de sus errores, no me importa mucho en este momento... ya me preocuparé después.

Ahora mismo empiezo mis vacaciones y no estaré mucho por aquí. Os echaré de menos... o no...

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Wendeling, miércoles 28 de julio de 2010, 10:42 | Enlace permanente | 3 comentarios
Timidez
Pasado el tiempo recuerdo mi propia timidez como parte del aprendizaje de la vida.

Los múltiples cambio de domicilio. El vivir primero con mis padres, más tarde en un colegio, después con mis abuelos y mis tíos (los hermanos de mi padre) que me consintieron por completo al ser la única nieta y sobrina. El vivir en una casa con fantasma, mi propio mundo interior... la muerte de mi padre... todo eso hizo que pasara mi adolescencia con muy poco contacto con las personas y desarrollara una timidez bastante grande que suplía por narices (el tener que empezar a trabajar a tan temprana edad es lo que tiene) y viviera mis ilusiones en los libros, en esas historias que consumía en ocasiones de forma compulsiva.

Así que mi timidez sigue estando ahí, dentro de mi, forma parte de mi personalidad. En ocasiones hasta me impide alcanzar a alguien que conozco para saludarle y disimulo si la otra persona me mira. Otras veces busco el atajo más largo para llegar a un lugar, intentando buscar ese valor que no poseo para enfrentarme al porvenir. Y en ocasiones me sorprendo a mi misma, dando la cara por algo o alguien desconocido.

Poco a poco he ido aprendido a vivir con la timidez.

Así que creí comprender perfectamente a mi hija cuando su timidez empezó a encerrarla en casa. Cuando empezó a buscar razones para no salir a comprar el pan, a tomar un helado... cuando una visita a un museo le suponía un dolor de cabeza y un mareo. Cuando empezó a no querer ir a la playa si siempre le había gustado y esperado con ilusión el verano para disfrutar del sol, la arena, el agua...

Intenté recordar como me sentía yo a su edad. No la forcé a hacer lo que no quería, no me gustaba verla sentirse mal. Siempre creí que si un adolescente tiene problemas, el primer indicativo se encuentra en sus notificaciones y en los estudios, ella era la primera, con media de sobresaliente. Así que para mi solo era timidez.

Pero cumplió los 14 años y empezaron los ataques de ansiedad. De los mareos al salir a la calle pasaron a los dolores de cabeza si entraba a un lugar con muchas personas... y a los ataques de ansiedad si la obligaba a salir de casa. Gritos, lágrimas, mareos, ... y más.

El problema empieza a sobrepasarme. La consulta al psicólogo solo me indicó que era ella la que debía darse cuenta que ocurría algo y pedir ayuda y para mi hija, no ocurre nada, según ella, es su personalidad y tenemos que respetársela.


Pero ser padre nos impone las obligaciones de ayudar a nuestros hijos y en eso estoy.

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Wendeling, sábado 17 de julio de 2010, 21:00 | Enlace permanente | 8 comentarios
Cosas de ser madre
Como madre (imagino que la misma situación como padre) deseas que tu hijo no sufra. Al principio le cuidas y le das lo que necesita: comida, cuidados, cariño, protección contra las enfermedades y los accidentes.

Tu hijo crece y entonces sus necesidades cambian. Al alimento, amor, cuidados hay que añadirle la educación. Enseñarles a aprender a vivir en sociedad, a diferenciar el bien del mal, lo necesario e imprescindible de lo innecesario y prescindible. Aquí empiezan las diferencias entre unos padres de otros porque la línea de lo imprescindible y prescindible es tan subjetiva como personas distintas que somos.

Tu hijo crece sano. Nada de enfermedades complicadas ni de accidentes incurables. Es inteligente, responsable, maduro... Sus notas son inmejorables... Crees que es feliz, ha tenido una infancia sin complicaciones y esperas una adolescencia con los típicos y tópicos cambios hormonales, pero poco más.

Error.

Sientes que tu hijo sufre, lo está pasando mal, realmente mal.

Intentas recordar tu propia adolescencia, tus cambios hormonales, cambios de humor y físicos, tus ilusiones imposibles,... Pero no es lo mismo, algo está fallando y desconoces que es. No es la timidez propia de la adolescencia. No es la desilusión al darte cuenta de la imposibilidad de ciertos deseos... Te es imposible descubrir donde has fallado, porque te sientes culpable de haberle fallado.

Es tu hijo, confía en ti, eres su apoyo para encontrar su propio camino en la vida y le estás fallando, porque eres incapaz de saber que está ocurriendo.

Y así es como me siento ahora mismo, buscando, mirando hasta bajo las piedras, agobiada por ayudarla porque es mi hija y está sufriendo.

Cosas de ser madre...

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Wendeling, lunes 28 de junio de 2010, 15:43 | Enlace permanente | 5 comentarios
Evolución
Hace algún tiempo un buen amigo "desaparecido" por Barcelona desde hace algunos años, me comentó que había dejado de leer "Reinventando mi vida" porque no le gustaba la tristeza que destilaba en mis escritos.

No lo entendí, porque en ocasiones si había mucha rabia y tristeza, pero en otros momentos quería infundirme fuerza e ilusión por un futuro mejor y usaba esos artículos, en tercera persona, para ayudarme a ver mi historia desde fuera.

¿Realmente "Reinventando mi vida" era un blog triste?

Con los cambios de ubicación que ha tenido en los dos últimos años, me ha dado tiempo a releerme por completo y he visto mi evolución desde aquel ya lejano 2004.

Nostalgia por el pasado. Rabia. Tristeza (si, también está ahí) por los sueños rotos. Culpabilidad. Y también, mucha ilusión por el futuro y orgullo por mis hijas, mis leonas peleonas. Hay momentos divertidos en los que he vuelto a reír a carcajadas y momentos muy duros, en que las lágrimas no han encontrado escudo para esconderse. Pero sinceramente el porcentaje de momentos ilusionados y divertidos era mucho mayor que el de momentos tristes y dolorosos.

Entonces ¿qué? ¿Siempre encontramos excusas para cuando nos pillan en un renuncio? Para mi, en aquel momento, me hubiera servido más un: "no he tenido tiempo" o mejor un: "vemos la vida de manera muy distinta"... lo más divertido del asunto es que jamás le pregunté si me leía o no, fue su respuesta automática al típico "¿cómo estás?" que haces cuando llevas mucho tiempo sin ver a alguien.

Y todo esto viene a cuento, porque hace ya algunos años que ese amigo desapareció de mi vida. Lógico teniendo en cuenta nuestra diferencia generacional, los distintos objetivos en la vida y el egoísmo de la juventud...

Reinventado mi vida es como su nombre indica, mi manera de ver la vida y últimamente ha pasado a ser un blog relajado... mucho... porque disfruto de cada instante de mi vida en este momento. Siento no teneros más informados, pero los días se pasan con una sonrisa en la cara mirando unos ojos que también sonríen... los días se pasan viendo crecer a dos leonas que siguen peleando, como adolescentes que son.... los días se pasan organizando un futuro... en fin... como la vida misma.

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Wendeling, jueves 17 de junio de 2010, 17:21 | Enlace permanente | 2 comentarios
3 de junio, 2010
00:01 Recibo mi primera felicitación del día de parte de Monty.

07:15 suena del despertador.

07:16 Felicitación de Ithilien.

10:05 Segunda felicitación de Monty. Salgo para la oficina.

11:15 Llego a la oficina. Mi jefe me ha citado para las 11:30. Espero...

Y espero...

Y sigo esperando...

Y más de lo mismo, empiezo a sentirme algo enfadada con mi jefe.

12:40 Por fin mi jefe me atiende.

13:15 Por primera vez en mi vida (y espero que no sirva de precedente) siento la necesidad de desear que mi jefe pierda su empleo. Sus errores están empezando a provocar que mi sueldo sea inferior al no cumplir bien su trabajo. Mi enfado llega al máximo al enterarme, por una administrativo, que él me ha culpado por su error garrafal en determinado tema. Menos mal que dispongo de pruebas, con fechas y firma, de que yo hice mi trabajo a tiempo, hace un mes... ha sido él quien no ha cumplido con su parte.

13:20 Salgo de la oficina, con el problema resuelto... 5 minutos ha tardado la administrativo en resolvérmelo... 29 días ha tardado mi jefe en no hacer absolutamente nada en ese tema.

13:50 Camino de casa, recibo llamada de teléfono. Felicitación de mi madre.

14:30 Llego a casa, un enorme ramo de rosas me está esperando, con una preciosa tarjeta y una promesa... Me emociono. Amo a Monty

Pasa el día tranquilo. Recibo más felicitaciones de amigos y amigas desde muy lejos.

19:10 Salgo con Monty ha tomar un granizado de café en la heladería. Allí recibo otro regalo de cumpleaños, efectivo el sábado.

19:50 Tengo trabajo pendiente, así que salgo a hacerlo. Vuelvo a casa a la hora de la cena.

22:05 Después de cenar, me cantan el cumpleaños feliz. Soplo unas velas con el número 43 sobre una riquísima tarta de helado. En familia, mi familia. Hace tantos años que no soplaba unas velas sobre una tarta que vuelvo a emocionarme.

3 de junio del 2010... Un día perfecto, a pesar de un jefecillo agonías.

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Wendeling, jueves 3 de junio de 2010, 22:12 | Enlace permanente | 3 comentarios