La primera vez que oí hablar de Christopher Moore fue a Monty. Tras contarle la anécdota de mi ataque de risa en pleno vuelo Málaga-Barcelona mientras leía un libro, me propuso que me leyera "El ángel más tonto del mundo".
Acepté.
Me pasó el libro, que él todavía no había leído...
Me lo leí en el viaje de vuelta Barcelona-Málaga.
La escena del ángel a quien Dios le encarga que realice un milagro de Navidad, entrando en un bar de un pueblucho de California, a 30º a la sombra, cubierto con una gabardina abrochada hasta el cuello (para impedir que se le vean las alas) buscando a un niño cualquiera... y que termine detenido por pedófilo... consiguió que me volviera a dar otro ataque de risa en pleno vuelo.
Y me enamoré de la manera de escribir, relatar, contar que tiene
Christopher Moore, tan políticamente incorrecta que ni parece
norteamericano.
Con el paso del tiempo y los años, fueron cayendo en mis manos, gracias a Monty y los regalos de Navidad o de Sant Jordi: "Un trabajo muy sucio", "La sanguijuela de mi niña", "¡Chúpate esa!", "Muérdeme" y por último "Cordero". Y siempre termino por comprender a esos personajes perdedores, que terminan involucrados en temas tan absurdos como los zombis, los vampiros, la Muerte, sin comérselo ni bebérselo.
Moore presenta "Cordero" como un nuevo evangelio en el que el mejor amigo de Jesús, o Joshua, cuenta lo que realmente le sucede entre los 6 años y los 30, esa búsqueda espiritual y de conocimiento que realiza una persona que se sabe el elegido pero a quien nadie, ni siquiera su Padre, le ha enseñado como tiene que comportarse un Mesias. Y a pesar de todas esas personas que se han sentido ofendidas por leer a un Jesucristo que tiene hermanos o que quiere aprender a toda costa que se siente al practicar el sexo, el transfondo de cariño entre amigos y la tremenda ternura que destila la novela, te deja con la sonrisa en la cara, cuando no la carcajada abierta.
Colleja, es decir, el autor del nuevo evangelio, cuenta esos casi 30 años perdidos de Jesús, con un tremendo respeto y amor por su amigo de la infancia y adolescencia.
Para quien quiera conocer que sucedió realmente durante esos años que no cuentan los auténticos evangelios, recomiendo la lectura de "Cordero", eso si, con la mente muy abierta a un Mesías muy humano.
Reinventando mi vida
sábado, 28 de abril de 2012
martes, 24 de abril de 2012
Mes y medio
Mes y medio sin escribir y autoregañina. Llevo varias semanas intentando organizar varios temas para próximos post y lo voy dejando y dejando...
Podría hablar sobre los cambios que se están produciendo en el país por la crisis económica, pero tengo bastante con las opiniones familiares; además este blog nunca ha sido político y como tengo amigos en varios frentes, me niego a crear rencillas y menos aquí.
Podría hablar de la no-operación de corazón de mi madre y su posterior si-operación. De las horas de hospital, de los pensamientos que siempre tienes aunque sabes (o al menos quieres saber) que es algo leve y en unos días estará en casa. De sus casi setenta años (los cumple el próximo 9 de mayo), en los que casi la mitad los ha pasado viuda, trabajando, cuidando y educándonos.
Podría hablar de mis últimos libros leídos... bueno, eso será otro día, porque quiero hablar de ellos.
Podría hablar de mi nuevo jefe agonías, de su recién ascenso y en consecuencia, sus ideas para mejorar las ventas, hacernos trabajar más y por descontado, nada de cobrar más sueldo. Eso si, cuando nos hemos quejado su respuesta ha sido de órdago:
- "Luego me lo agradeceréis"
¿Agradecer hacernos trabajar un montón de horas con un contrato comercial y por ende, nada de aumento en los porcentajes de comisiones?
Pero al final sólo voy a repetirme, porque Monty llena todo el espacio que queda en mi vida, sus detalles, su sonrisa, su mirada, sus quejas, sus regañinas a mi manera de hablar y expresarme, sus comidas y sobre todo, la gran cantidad de amor que me demuestra momento a momento. Así que hoy sólo quiero hablar de él:
Te quiero Monty.
Podría hablar sobre los cambios que se están produciendo en el país por la crisis económica, pero tengo bastante con las opiniones familiares; además este blog nunca ha sido político y como tengo amigos en varios frentes, me niego a crear rencillas y menos aquí.
Podría hablar de la no-operación de corazón de mi madre y su posterior si-operación. De las horas de hospital, de los pensamientos que siempre tienes aunque sabes (o al menos quieres saber) que es algo leve y en unos días estará en casa. De sus casi setenta años (los cumple el próximo 9 de mayo), en los que casi la mitad los ha pasado viuda, trabajando, cuidando y educándonos.
Podría hablar de mis últimos libros leídos... bueno, eso será otro día, porque quiero hablar de ellos.
Podría hablar de mi nuevo jefe agonías, de su recién ascenso y en consecuencia, sus ideas para mejorar las ventas, hacernos trabajar más y por descontado, nada de cobrar más sueldo. Eso si, cuando nos hemos quejado su respuesta ha sido de órdago:
- "Luego me lo agradeceréis"
¿Agradecer hacernos trabajar un montón de horas con un contrato comercial y por ende, nada de aumento en los porcentajes de comisiones?
Pero al final sólo voy a repetirme, porque Monty llena todo el espacio que queda en mi vida, sus detalles, su sonrisa, su mirada, sus quejas, sus regañinas a mi manera de hablar y expresarme, sus comidas y sobre todo, la gran cantidad de amor que me demuestra momento a momento. Así que hoy sólo quiero hablar de él:
Te quiero Monty.
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gracias,
sueños conseguidos
sábado, 10 de marzo de 2012
Tricotar
Mi madre va a cumplir 70 años el próximo mayo. Recibió una educación de su tiempo, es decir, la prepararon para ser madre y ama de casa, nada más y nada menos. Ocuparse de su marido, de sus hijos y tener siempre la casa impecable.
Ya he contado en otras ocasiones que todos los enfrentamientos que he tenido con ella han sido consecuencia de su obsesión porque la casa donde vive ella (y por extensión, la que vivimos nosotros) esté siempre para pasar revista. Y también he hablado sobre mis prioridades, entre las que no están el orden de la casa en la que vivo. Quiero decir que ser ama de casa no es el fin de mi existencia, como si lo es el de la suya.
Desde adolescente lo tenía asumido.
Mi madre también es una excelente modista y bordadora. Hace años incluso tenía varias aprendizas a las que enseñó su profesión. Yo no fui una de ellas y no fue por sus variados intentos. Sé lo básico y por obligación, meter un dobladillo y coser un botón, poco más.
Mi abuela era una impresionante bordadora de bolillos y del crochet, también mujer de su tiempo. Con ella aprendí los puntos básicos, incluidos los de tricotar. Prefería leer o inventarme historias a estar con las agujas y la lana.
Pero un buen día, con 16 años, se me ocurrió aprovechar un resto de lana de un color rojo vivo y hacer un vestido a una de mis muñecas. Cuando mi madre lo vio terminado y puesto, se lo quedó mirando, miró el revés y las costuras. Yo pensé que le sacaría defectos (como a todo lo que hacía concerniente a las tareas del hogar, desde esquinitas que no había quitado bien el polvo, a brillos en los espejos,...) pero en esta ocasión no fue así.
- Wen, tienes un punto muy uniforme ¿por qué no intentas hacerte uno para ti?
- ¿Qué? ¿uno grande? pero si eso tiene que ser complicado.
- Si has sido capaz de hacer este tan bien, solo es empezar con más puntos.
Y le dije que sí. Fuimos a la tienda, escogí mis lanas y compré una revista.
Unas semanas después estrené mi nuevo jersey, a la moda y a mi gusto. Mis amigas se quedaron con la boca abierta, la verdad es que me salió muy bien y no se creían que lo había hecho yo.
A partir de ahí el tricotar se convirtió en todo un descubrimiento para mi. Me calmaba cuando estaba exitada y podía hacerlo mientras veía una película en televisión.
Casi 30 años después, sigo haciendo punto habitualmente. Me siento rara cuando termino una tarea y no he empezado otra. He tenido fallos clamorosos, como no, pero lo habitual es que me salgan jerseys muy bonitos y "usables". Toda la familia tiene al menos varios tejidos por mi. Me es fácil seguir las instrucciones de las revistas y con el sistema de prueba y error o acierto, determino las tallas.
Ya he contado en otras ocasiones que todos los enfrentamientos que he tenido con ella han sido consecuencia de su obsesión porque la casa donde vive ella (y por extensión, la que vivimos nosotros) esté siempre para pasar revista. Y también he hablado sobre mis prioridades, entre las que no están el orden de la casa en la que vivo. Quiero decir que ser ama de casa no es el fin de mi existencia, como si lo es el de la suya.
Desde adolescente lo tenía asumido.
Mi madre también es una excelente modista y bordadora. Hace años incluso tenía varias aprendizas a las que enseñó su profesión. Yo no fui una de ellas y no fue por sus variados intentos. Sé lo básico y por obligación, meter un dobladillo y coser un botón, poco más.
Mi abuela era una impresionante bordadora de bolillos y del crochet, también mujer de su tiempo. Con ella aprendí los puntos básicos, incluidos los de tricotar. Prefería leer o inventarme historias a estar con las agujas y la lana.
Pero un buen día, con 16 años, se me ocurrió aprovechar un resto de lana de un color rojo vivo y hacer un vestido a una de mis muñecas. Cuando mi madre lo vio terminado y puesto, se lo quedó mirando, miró el revés y las costuras. Yo pensé que le sacaría defectos (como a todo lo que hacía concerniente a las tareas del hogar, desde esquinitas que no había quitado bien el polvo, a brillos en los espejos,...) pero en esta ocasión no fue así.
- Wen, tienes un punto muy uniforme ¿por qué no intentas hacerte uno para ti?
- ¿Qué? ¿uno grande? pero si eso tiene que ser complicado.
- Si has sido capaz de hacer este tan bien, solo es empezar con más puntos.
Y le dije que sí. Fuimos a la tienda, escogí mis lanas y compré una revista.
Unas semanas después estrené mi nuevo jersey, a la moda y a mi gusto. Mis amigas se quedaron con la boca abierta, la verdad es que me salió muy bien y no se creían que lo había hecho yo.
A partir de ahí el tricotar se convirtió en todo un descubrimiento para mi. Me calmaba cuando estaba exitada y podía hacerlo mientras veía una película en televisión.
Casi 30 años después, sigo haciendo punto habitualmente. Me siento rara cuando termino una tarea y no he empezado otra. He tenido fallos clamorosos, como no, pero lo habitual es que me salgan jerseys muy bonitos y "usables". Toda la familia tiene al menos varios tejidos por mi. Me es fácil seguir las instrucciones de las revistas y con el sistema de prueba y error o acierto, determino las tallas.
Y todo esto
viene para mostraros, orgullosa, mis últimos trabajos para las
nuevas incorporaciones familiares: Sergio, nacido la semana pasada pero que he tricotado para que lo use el próximo verano, cuando tenga 4-5 meses.
Y un jersey de primera puesta para Arantxa que nacerá el próximo mayo:
viene para mostraros, orgullosa, mis últimos trabajos para lasnuevas incorporaciones familiares: Sergio, nacido la semana pasada pero que he tricotado para que lo use el próximo verano, cuando tenga 4-5 meses.
Y un jersey de primera puesta para Arantxa que nacerá el próximo mayo:
martes, 28 de febrero de 2012
Nostalgia de madre
Hace justo hoy 16 años ocurría esto:
Y justo ayer, 27 de febrero del 2012 nació Sergio, mi sobrino, hijo de mi hermano y su señora. No pude esperar mucho para ir a conocerlo, por lo que nos presentamos en el hospital.
Tener en brazos a ese pequeñín de poco mas 3 kg de peso, olerlo, acariciar su piel, mirarlo una y otra vez, me produjo una inmensidad de sentimientos, desde un amor profundo, a mi instinto maternal de protegerlo y sobre todo, una tremenda nostalgia de madre, recuerdos, hasta envidia y celos.
Hoy todavía me duran esos sentimientos...
Pero sonrío a ver esa niña, ya no tan niña, que hoy cumple 16 años y toda la vida que nos queda por vivir como madre e hija.
Felicidades Estel por tus dieciséis y felicidades Sergio por hacerme sentir.
viernes, 24 de febrero de 2012
Geralt de Rivia
Los libros de Sapkowski llegaron a mi poder gracias a la promoción que tiene la empresa con sus trabajadores. La editorial se preocupa poco de los autores de fantasía a no ser que sean un bombazo. Así que cuando para el 2005 vi que editaban uno, me lancé casi sin pensar a por el mío. Había escuchado/leído algo sobre el polaco que escribía fantasía, con muy buenas referencias, pero prácticamente llegué virgen a las primeras páginas.
Era una edición con los dos primeros tomos de la saga de Geralt de Rivia. Un compendio de relatos cortos como presentación de los personajes.
Sencillamente me encantó, disfrute como hacía años no había hecho con un libro de fantasía. Las vueltas de tuerca a los cuentos clásicos y leyendas que todos conocemos hicieron que me enganchara a la historia como pocas veces me ha ocurrido; bueno, concretamente en dos ocasiones: "El Señor de los Anillos" y "Canción de Hielo y Fuego".
Cuando un libro/historia me gusta en especial, quiero compartirlo inmediatamente, así que hablo de él constantemente http://wendeling1.blogspot.com/2006/02/alternativas.html, lo recomiendo por activa y pasiva... incluso en la primera oportunidad se los regalé a Monty.
Quise seguir la historia pero en aquel momento sólo se habían editado los dos primeros tomos, me tocó esperar y cuando llegó, no pude por distintas circunstancias (ejem... solo una, cuestión de preferencias, preferí gastar el dinero en comida y pagar facturas, por ejemplo).
Tres Navidades atrás la empresa para la que trabajo volvió a reeditar el primer libro, seguido de los restantes, toda la historia en seis preciosos tomos. Me los autorregalé como regalo de Reyes Magos. Pero por entonces estaba embarcada de la lectura de todos los relatos/novelas de Sherlock Holmes de A. Conan Doyle, por lo que hasta el agosto pasado no volví a la historia de Geralt de Rivia.
Empecé a releer el primer tomo justo el día que acompañaba a Monty a urgencias por su último brote y hace unos días he terminado el último. Durante seis meses he acompañado a los protagonistas por toda su aventura vital, reconociendo las historias pero disfrutando esas vueltas de tuerca, esos finales alternativos no precisamente felices sino humanos (y eso que sólo una de las especias que pueblan ese mundo es humana en si). Con aventuras creíbles a pesar de la existencia de elfos, dríadas, gnomos, sirenas, medianos, vampiros, enanos y humanos.
Ahora me siento algo vacía, ya no están ahí Geralt, ni Ciri, ni Yennefer, ni Jaskier,... para seguir ocupando mis ansias de consumir historias y siento dentro de mi que pasará mucho tiempo hasta que vuelva a encontrar una historia que me llene, que me haga disfrutar tanto como ésta.
Gracias Andrzej Sapkowski.
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