martes, 29 de noviembre de 2016

Vale por...

Un día, cualquier día a partir del 15 de marzo del 2017 hasta el 10 de diciembre del mismo año, podemos hacer las maletas e irnos a la estación María Zambrano.

Allí subimos un tren avant con destino a Santa Justa en Sevilla. Donde esperaremos subirnos a un segundo tren, uno de Media Distancia en dirección a Cádiz. Pero nos bajamos antes, en el Puerto de Santa María.

Desde la estación del tren a la Plaza de la Estación hay unos metros y otros 200 metros después por calle Albareda llegaremos al Hotel Bodega Real donde nos quedaremos esa noche. No muy lejos hay varios restaurantes en los que cenar.

Al día siguiente, después de desayunar en el hotel, pasamos unas horas callejeando por la ciudad, hasta llegar al molino de mareas a la hora de la comida, al Restaurante APoniente, donde habremos reservado una mesa para dos para degustar el Gran Menú Mar de Leva, ideado por Angel León.

Después de deleitarnos con esas delicias, nos tocará correr un poco para poder subirnos al tren de vuelta.

Este es mi regalo de cumpleaños, sólo es un vale, pero te prometo que ahorraré con ahinco, porque este año sí o sí, vamos.

Te quiero, gatito.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Va de gatos 3

Republico un post escrito allá por octubre del 2006

Nostalgia gatuna

Últimamente Wendeling sueña con gatos. No se ha parado a pensar que posible significado tiene esos sueños, pero le han hecho recordar con un toque de nostalgia a Zipi y Zape, los gatos que vivían con ella en la casa del fantasma. La de horas jugando a las casitas con ellos (y la imagen por completo surrealista de Zipi, vestido con un traje de flamenca de una muñeca de Wen, corriendo y saltando por los tejados después de escaparse de las manos de la niña) o saliendo a pasear con zape, metido en un cochecito de bebé de juguete y dejándose poner un simulacro de pañal.

Zipi y Zape eran hermanos, Zipi de color dorado y blanco, Zape por completo negro salvo una mancha blanca en una de sus patas y la punta de la cola. Por aquella época Wendeling estaba enganchada a los tebeos de Escobar, así que cuando llegaron a casa y después de escuchar a su abuela un zapeeeee, al bajar al gatito de la mesa, terminaron bautizados como sus homónimos de los tebeos.

Eran gatos cazadores, estaban en la casa por una única razón: limitar la sociedad ratonil que vivía entre las paredes, así que como animales libres entraban y salían de la vivienda, se procuraban su propio alimento y tenían sus contactos con sus posibles novias. En compensación la abuela les dejaba un rincón calentito cuando hacía frío o llovía y si había suerte, podían comerse las sobras de pescado o de la comida, aparte de un platito de leche ocasional... Y también eran los amigos de Wen.

La casa del fantasma era un caserón muy grande y los gatos tenían completa libertad para andar por cualquier parte de ella, salvo una de las habitaciones de la planta de arriba. Allí la abuela guardaba conservas y estaban los armarios con la ropa de fuera de temporada, además de los objetos más valiosos que había atesorado en su vida (incluidas varias copas de cristal fino). Esa habitación estaba siempre cerrada, incluso para una Wen niña y curiosa que había recibido ya varias amonestaciones por jugar con las copas de cristal. Y los gatos lo sabían... ahí no se entraba, pero como animales curiosos, aprovechaban cualquier momento en que estuviera la puerta abierta para asomarse por ella y descubrir un trocito de mundo virgen gatuno.

ooOOoo

Tarde soleada de primeros de mayo, que Wen aprovecha en una terraza por completo llena de geranios en flor, para leer un ratito. Los gatitos son cachorros, solo llevan cuatro meses viviendo con ellos. Zipi que salta sobre sus rodillas, Wen que baja su mano y acaricia al gato, creyendo que está buscando mimos... pero Zipi baja y sale corriendo. La pequeña vuelve a su tebeo.

Dos minutos después, Zipi realiza la misma jugada, pero en esta ocasión, al saltar de las rodillas de Wen, no sale corriendo, se queda parado mirándola... Ella vuelve la vista a su lectura. El gatito lanza un leve maullido para llamar su atención. En ese momento se da cuenta que pasa algo, Zipi se pone a andar y varios pasos después vuelve a mirar atrás para ver si ella le sigue. Wendeling deja su tebeo y se levanta de la silla, sigue a un Zipi que constantemente mira detrás de él y finalmente terminan delante de la puerta de la habitación prohibida. Se sienta delante de la puerta y tuerce un poquito su cabeza.

- Si quieres entrar ahí, la llevas buena. Mama no quiere que entremos, porque podemos romper algo.

Wendeling se vuelve con intención de marcharse, pero el gatito se planta delante de sus pies, levanta su cabeza y vuelve a maullar...

- Yo no abro esa puerta, que no quiero que me castiguen, Zipi.

El gatito se pone de pie delante de la puerta y hace intención de arañarla.

- ¡¡Eh!! Eso no se hace.

Nuevo maullido, en esta ocasión intentando meter una patita por debajo de la puerta. Y por fin, la niña sospecha que...

Abre la puerta... y un Zape raudo, veloz y asustado, sale corriendo por el pasillo, seguido de Zipi. Después de la sorpresa inicial, Wendeling no tiene más remedio que soltar una carcajada. Cuando comprueba que todo está en orden dentro de la habitación, vuelve a cerrar la puerta. Menos mal que la abuela no andaba cerca, porque podrían haberse llevado un buen castigo por su curiosidad.



Y este lo escribí en abril del 2007, al poco de llegar Anduriña a nuestras vidas 

Anduriña


El día en que Anduriña llegaría a casa, estábamos todas nerviosas. Nos costó tomar la decisión, no todos los días/meses/años se puede elegir a un nuevo miembro familiar, pero finalmente todo estaba decidido... Andu por fin llegaba.

Dos voluntarios del refugio de animales la traían a casa, Vanessa y Alberto. Un transportín y una gatita que asoma la cabeza en cuánto se le abre la puerta.

- ¿miaaaau?

- ¿Quereis un café?

Los chicos asienten, me dirijo a la cocina y una gatita que me sigue. En la cocina están su comederos, pienso seco y agua... curiosea, bebe agua y se pasea entre mis piernas, buscando una caricia. Pequeños cabezazos para que la acaricies.

Conversación en la sala, tomando café... Andu no se separa unos metros de mi.

- Es la primera vez que veo como un gato adopta a su madre - comenta Vane.

- ¿Qué?

- No se ha separado de ti en cuanto te ha visto. Es la primera vez que veo a un gato hacer eso con una persona que acaba de conocer. Te ha adoptado como madre. A mi me conoce desde que era pequeñita y sin embargo, te busca a ti.

Desde aquel día, Andu conversa, es una gata charlatana, hace decenas de ruiditos si le hablas. Te avisa de que tiene hambre y tiene su comedero vacío. Maulla cuando está aburrida y le apetece jugar conmigo. Es la primera que sabe si alguien viene a casa. Me recibe al llegar y llora cuando me marcho.

Desde aquel día, no duermo sola, me acompaña en una esquinita de la cama. Y si me descuido y me paso de hora de acostarme, ahí está Andu, recordándome que tengo que dormir.

Desde aquel día, no duermo ocho horas del tirón, porque a media noche, una gatita le da por jugar con mi pelo o decide de que es buena hora para lavarme la frente.

Desde aquel día, una gata me acosa cuando compro pescado y cada vez que acudo a la cocina, por si cae alguna chuche inesperada.

Desde aquel día veo como mis hijas aceptan que hay otro miembro más de la familia y no sienten celos de ella, como juegan y no se enfadan si Andu se toma más en serio de la cuenta algún juego

Desde aquel día no me encuentro sola. Y no importan los pelos que hay que barrer, los pequeños arañazos que me demuestran que tiene más reflejos que yo, no importan limpiar la caja de las caquitas, no importan las menos horas de sueño ni sus quejas en el baño (bocados incluidos).

Porque estamos felices por la mejor decisión que hemos tomado las tres.



Siempre me han gustado los animales, he compartido mi vida, mis juegos y mis fantasías con una mula, una cabrita, un pato, varios pájaros (gorriones, canarios y jilgeros... y uno pequeñito tropical del que desconocía la especie), hamsters, gallinas y conejos. He jugado con los perros de vecinos y tíos; pero siempre he sentido una empatía especial por los felinos, por los gatos domésticos que saben perfectamente como conseguir lo que quieren de ti y que sienten cuando estás triste para alegrarte el día con un par de lametones o meterse en líos por alguna travesura. Desconozco si la genética es culpa de ello o no, pero por las historias de mis padres, ellos también sintieron algo especial por los gatos de la familia.

Soy gatuna, muy gatuna, lo sé. Y prefiero limpiar pelo a volver a sentirme sola sin un gato en mi vida.


jueves, 29 de septiembre de 2016

Va de gatos 2

Pili también fue hija de la posguerra, aunque en su caso era la última hija con un buen puñado de hermanos mayores, algunos muy mayores. Así que se convirtió en el juguete de todos ellos. Con la familia también vivían un par de tías, una soltera con algún problema psicológico y una viuda por la guerra y que no tuvo tiempo de tener hijos en su día.

Pili y su familia vivían en una enorme casa que había sido cuartel durante la guerra y aunque tenían habitaciones suficientes para no tener que compartir, al final terminaba durmiendo con alguna hermana. Tampoco tenían problemas con el acceso a la comida por el trabajo de su padre, aunque eso si, dinero poquito.

Al ser una casa tan grande, había habitaciones vacías, habitaciones que usaban de almacén o de cuadra para los animales... y animales... un marrano (cerdo) por año, cabras, gallinas (y gallo y pollitos en primavera) y gatos, por descontado.., gatos que mantenían controlados a los ratones que acudían a comerse el grano guardado, o la chacina, o lo comida que pudieran conseguir.

También contaban con varios perros que al igual que los gatos, vivían libres por la casa y que tenían su razón de ser, cuidar a la familia y en ocasiones, darse sus carreras para ir de caza por el secano que rodeaba el pueblo o por la sierra.

Entre todos esos animales Pili sintió algo más que cariño por un gato rubio y muy listo, que siempre consiguió lo que quiso de ella.

El Rubio (como terminó llamándose) tenía un sexto sentido para saber cuando el padre de Pili volvía a casa del trabajo y eso que él nunca tuvo un horario definido. Ya fuera verano o invierno, de improviso, dejaba su estado de sueño o duermevela para salir corriendo a la puerta del caserón y sentarse allí, mirando al frente. Pocos minutos después aparecía él. ¿Escuchaba e identificaba su manera de andar? ¿Lo olía? a saber, pero nunca falló.

El Rubio sabía cuando Pili se sentía triste o estaba enferma y se acurrucaba a su lado.

El Rubio participó con ella en algunas travesuras que no acabaron muy bien y también terminó castigado, como su compañera: "Sin cenar y a la cama".

El Rubio aprendió a saltar entre los brazos de Pili agarrados haciendo un aro y conforme ella crecía, más alto era el salto a dar. Cada vez que hacía eso, ella terminaba con una carcajada y esa era toda su recompensa.

Los años pasaron y la casa se fue vaciando. Los hermanos terminaron por formar su propia familia y Pili se quedó sola. El Rubio seguía por allí, pero ya era muy abuelito y hacía tiempo que no había vuelto a saltar entre los brazos de ella.

Un buen día no acudió a la puerta a recibir al padre de Pili... enroscado delante de la chimenea había dejado de respirar.

Y Pili, ya Pilar, formó su propia familia pero nunca consintió en volver a tener un gato en su casa.


Nota: Cuando años después yo preguntaba e insistía en tener un gato, ella siempre me hablaba de El Rubio, pero nunca del porqué no quería que yo tuviera un hermano gatuno como ella disfrutó




sábado, 24 de septiembre de 2016

Va de gatos

Joaquín fue un hijo de la posguerra. Nació en la primavera de 1941, pocos meses después de la boda de sus padres tras un largo noviazgo interrumpido por una guerra civil. Aunque fue el hermano mayor para sus padres siempre fue el niño.

Y como hermano mayor, muy pronto le tocó ayudar a la familia. A los ocho años empezó a ir a la escuela, pero en muchas ocasiones faltaba porque su abuelo le pedía que le echara una mano con la piara de marranos (cerdos) que tenían para sobrevivir. Cuando éstos salían al campo debía haber alguien con ellos para impedir que los animales (de cuatro o dos patas) les hicieran algo.

Lo habitual es que Joaquín estuviera con algún adulto, aunque pasado el tiempo, cada vez con mayor frecuencia, estaba él solo. En ocasiones las horas se hacían eternas por lo que aquel día que escuchó unos maullidos, se entretuvo en buscar de donde venían.

Un gatito de unos tres o cuatro meses, asustado, intentaba localizar a su madre. Joaquín sintió pena y le ofreció algo de comida que él llevaba. El gatito se lanzó sobre el agua primero y la comida después. A partir de ese momento no se separó de él. Durante horas, allí donde iba Joaquín, le seguía el gatito, al que pronto bautizó como Misi, porque le pareció gata.

Misi era atigrada, oscura y tenía una inusual cola más pequeña de lo habitual, como si estuviera cortada, con un penachito de pelo negro en la punta.

Cuando le llegó el relevo y el momento de irse a casa intentó dejar a Misi en el campo. Echó a correr y la gatita le siguió, cuando se alejó demasiado escuchó su maullido y no pudo dejarla. Al final, con ella en la mano, apareció en la casa del fantasma. Al principio a su madre no le hizo mucha gracia pero como vivían en una casa vieja, consiguió quedarse siempre y cuando cazara ratones.

Al poco descubrieron que era un machote, pero como ya contestaba a Misi, se quedó con el nombre.

Misi creció... y creció... y creció y se convirtió en un gato más grande de lo normal y en un genial cazador de ratones... de gorriones... de palomas... y de lo que se cruzara por delante.

Como era habitual en la época, los gatos entraban y salían a la calle con total normalidad, y salvo en época de celo, Misi solía dormir con Joaquín.

Un día, mientras jugaba en la calle con el gato (se perseguían mutuamente) pasó un vecino y se los quedó mirando.

- Hacía mucho que no veía uno de éstos.

- ¿De éstos? - preguntó Joaquín.

- Si, un gato Montés.

- No es un gato de esos, es mi gato.

- Ten cuidado con él, esos gatos pueden ser peligrosos.

El caso es que ya se habían quejado de él otros vecinos porque entraba en sus casas y hacía alguna trastada, pero la madre de Joaquín no hizo mucho caso a las quejas, porque nadie le había confirmado que era Misi quien lo hacía, podía haber sido otro animal. Era un pueblo y quien más o quien menos tenían animales en casa.

Un buen día, como unos dos años después de llegar Misi, no volvió. No era época de celo y empezaron a preocuparse.

Un par de días después lo encontraron, calles más abajo. Misi había muerto envuelto en vómitos... alguien lo había envenenado.

Joaquín se sintió muy mal por el triste final de Misi y aunque hubo otros gatos en la casa, ninguno llegó a calar tan hondo en todos como ese extraño gato.

Eso si, durante mucho tiempo aparecieron otros gatos en el pueblo con la cola más corta y un penacho negro en la punta. Misi había dejado su impronta no solo en la familia que vivía en la casa del fantasma, sino en las gatas de los vecinos.




jueves, 22 de septiembre de 2016

Nuevo inicio

Echo de menos mi ratito diario de escribir. Así que me he propuesto volver a hacerlo diariamente. Volver a estos años atrás a contar o recordar... o reinventar mi historia, aunque ya no está hecha de sueños rotos.

Así que vuelvo al inicio.

¿Y qué contar ahora? 2016, casi medio siglo a mis espaldas. Un año terrible, de esos para olvidar, en que falleció mi madre y en que un absurdo e inexplicable accidente casi me hace perder a esa persona que camina a mi lado.

2016, un año en que las leonas peleonas ya no son niñas, ni siquiera adolescentes, sino personas adultas que toman sus decisiones. Eso sí, siguen siendo peleonas. Es lo que peor llevo, no entiendo esa necesidad que tienen de andar siempre buscando la mínima razón para terminar a gritos.

2016, año en que por fin el gatito decide ser "malagueño" (o andaluz, o lo que sea) con todas sus consecuencias.

En fin, 2016. Ya sé que los años no tienen la culpa, pero sinceramente, me hubiera gustado que no hubiera existido, que aquella Nochevieja del 2015 hubiera dado paso al 2017 y no sufrir todo lo pasado hasta ahora en este año.

Lo siento, pero sigo de duelo... porque duele, mucho... la sigue echando terriblemente de menos.


Nota: espero que este nuevo inicio continúe, al menos por un tiempo. Espero volver a escribir que ya me toca.