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viernes, 7 de septiembre de 2007

El cuento de Ithilien

El gigante

El gigante es más grande que el monte.

Como es más grande, el monte es como una piedra y tropieza el gigante con ella y se cae al suelo.

Ahora el gigante tiene miedo de los montes, y de las montañas.

FIN




Nota: Y a pesar de lo que pensemos los mayores, la vida es tan simple como la ven los niños.

viernes, 23 de marzo de 2007

¿Por qué?

El día que escapó, no lo decidió.

Salió de casa, como cada día, con el dinero justo para la compra. Llegó a la pescadería pero no encontró nada de su gusto... se marchó a la carnicería pero había mucha gente... decidió ir a otra unas calles más abajo...

... Paró delante de una zapatería, envidiando esos maravillosos zapatos de salón que jamás se compraría...

... Miró de reojo la gente que esperaba en la peluquería, con su charla insustancial...

... Saludó a unas vecinas que le comentaron lo bien de precio que estaban los tomates ese día...

... Pasó de largo la carnicería a la que había decidido ir...

... Siguió andando...

... Desapareció.


Años más tarde, demasiados para que alguien la recordara, paró delante de la carnicería que ahora era una tienda de ropa...

... Llegó a una pescadería que ahora regentaba otras personas...

... Paró delante de una puerta, que fue la suya, pero que nadie abrió cuando llamó a ella.

Años más tarde, demasiados, intentó recordar una vida que ya no fue.

sábado, 8 de enero de 2005

Iniciación

Concedieron un sexto premio a este relato hipercorto. ¿El premio? solo la mención y la publicación en una revista literaria

Dedicada a todo niño que hay dentro de cada hombre



- ¿Para qué quieres dos euros? - preguntó la madre.

- Para hacerme un hombre - respondió el niño sosteniendo la mirada de su progenitora.

La madre esbozó una sonrisa, y le concedió las dos monedas.

El niño corrió hacia el parque.

- Te doy un euro si me enseñas las bragas - le susurró a Marta, casi rozando sus labios.

La niña cogió la moneda, se alzó la falda y, cuando sus braguitas estaban visibles, comenzó a bajárselas pausadamente. El niño, con cara alucinada dejó resbalar la segunda moneda en manos de Marta.

Ahora, el niño regresa abrumado hacia su casa. Necesita con urgencia tres monedas.

domingo, 5 de diciembre de 2004

Rojo profundo

-¿Te gusta? La he robado en Yves Rocher.

Exhibia ufana la barra de labios mientras yo cerraba la puerta. Le dije que eran más de las nueve. No se disculpó.

Nos amamos en una madrugada lenta y letal; sus labios, violáceos y glaciales, no rehuyeron ningún goce. Por la mañana encontré en el espejo del baño una despedida de carmín: "no volveré más".

No lograba entenderlo. Entonces me llamaron.

La habían atropellado al salir de una perfumería, sobre las seis de la tarde.

Había muerto de madrugada, tras escribir sobre las sábanas del hospital mi número de teléfono, con barra de labios.