Me gusta leer (me repito lo sé) así que aprovecho cualquier momento libre para hacerlo.
De seis a siete de la tarde, las leonas peleonas entrenan en el polideportivo, así que de seis a siete de la tarde aprovecho mientras las espero, leyendo mi libro de ese momento y tomándome un café en una cafetería cercana. A la sombra de la terraza en verano y resguardada de la lluvia o frío en invierno, nadie me quita mi horita disfrutando de las letras y las historias que me cuentan.
Pero hoy, con las prisas de no llegar tarde, olvidé mi libro sobre la mesa.
"Bueno ¿una hora aburrida sin leer? mejor les pide el periódico del día mientras tomo el café"
Pero el periódico estaba ocupado, así que la chica me ofreció un par de revistas que tenía por ahí. Asentí, al menos estaría ocupada.
La sorpresa fue cuando descubrí que eran el "Vogue". Nunca había tenido en mis manos una revista de las llamadas femeninas o para la mujer, así que la hojeé curiosa.
¿Realmente los editores de esas revistas nos ven a las mujeres actuales así?
Sentí vergüenza ajena, miraba a un lado y a otro para observar si alguien me miraba.
Recomendaban no cenar y hacer ejercicio por la mañana para perder peso, o gastarse 5.000 ó 6.000 € para estar divina de la muerte en esa fiesta del próximo verano. O como conquistar al hombre realizando una felación... Aluciné pepinillos... literal.
Lo siento, o mejor, no lo siento... Soy mujer, muy mujer, pero para mi, la vida de una mujer no se reduce a las recomendaciones de esa revista. Claro que no soy una mujer triunfadora en su profesión que gana muchos miles de euros al mes, sin obligaciones de hijos y obsesionada con que esos pelitos de la ingle no aparezcan en el momento más inoportuno y le arruinen ese bañador de marca que acaba de estrenar. Pero por favor, que no le pongan el apellido de revistas femeninas, porque las mujeres de hoy en día, no somos así.
Al menos quiero creer en eso.
Nota adicional: En unos días, blogger dejará de permitirme publicar a través de un servidor FTP, así que no sé si podré seguir escribiendo aquí o tendré que empezar en una nueva dirección. Los intentos de Monty por migrar los blogs han dado error y él ha perdido "como ganto panza arriba"... 6 años de trabajo perdidos (quiero creer que podrá recuperar su blog). Os mantendré al tanto en los comentarios.
miércoles, 28 de abril de 2010
viernes, 23 de abril de 2010
En la clase de Ithilien
Siempre, desde donde llegan mis recuerdos, sentí pasión por las historias. Primero las que me contaban mis abuelos y Mama Carmen (mi bisabuela), después cubrí el hueco en cuanto aprendí a leer.
¡¡Cuántas historias que descubrir!!
Así que desde pequeña me ha gustado escuchar, ver (cine) y sobre todo, leer.
Descubrir mundos, cercanos o lejanos en la distancia o en el tiempo. Saber de intrigas palaciegas o enredos de familia. De conspiraciones gubernamentales o enigmas naturales. De amores u odios... Verídicas o inventadas, que más da. El placer de consumir historias es lo que siempre ha alimentado mi imaginación.
Así que cuando, en la entrega de calificaciones del trimestre, la tutora de Ithilien me propuso compartir mi pasión en una charla con la clase, asentí sin pensar.
Y esta semana, en el día del libro, ahí estábamos delante de veinticuatro niños de 12-13 años, dos madres lectoras intentado comunicar por qué nos gustan los libros. Al principio tímidas y después, cuando la charla se convirtió en un diálogo entre alumnos, profesora y mamás lectoras, nos envolvió el deseo de comunicar nuestra pasión; de hacer ver porqué los libros, esos libros que cuentan historias, son tan buenos amigos.
Realmente disfruté, como otra niña más, de la experiencia. No hubo malos modos, ni respuestas absurdas. Me vi sorprendida por las ganas de esos niños de compartir sus deseos de historias... Desconozco si en otras clases la respuesta hubiera sido distinta; Sentí el deseo de esos niños por seguir siendo adultos lectores. Ojalá no pierdan su ilusión.
¡¡Cuántas historias que descubrir!!
Así que desde pequeña me ha gustado escuchar, ver (cine) y sobre todo, leer.
Descubrir mundos, cercanos o lejanos en la distancia o en el tiempo. Saber de intrigas palaciegas o enredos de familia. De conspiraciones gubernamentales o enigmas naturales. De amores u odios... Verídicas o inventadas, que más da. El placer de consumir historias es lo que siempre ha alimentado mi imaginación.
Así que cuando, en la entrega de calificaciones del trimestre, la tutora de Ithilien me propuso compartir mi pasión en una charla con la clase, asentí sin pensar.
Y esta semana, en el día del libro, ahí estábamos delante de veinticuatro niños de 12-13 años, dos madres lectoras intentado comunicar por qué nos gustan los libros. Al principio tímidas y después, cuando la charla se convirtió en un diálogo entre alumnos, profesora y mamás lectoras, nos envolvió el deseo de comunicar nuestra pasión; de hacer ver porqué los libros, esos libros que cuentan historias, son tan buenos amigos.
Realmente disfruté, como otra niña más, de la experiencia. No hubo malos modos, ni respuestas absurdas. Me vi sorprendida por las ganas de esos niños de compartir sus deseos de historias... Desconozco si en otras clases la respuesta hubiera sido distinta; Sentí el deseo de esos niños por seguir siendo adultos lectores. Ojalá no pierdan su ilusión.
jueves, 15 de abril de 2010
Abril lluvioso
Me prometí no contar nada este abril.
Me prometí recordar sin llorar.
Y aunque lo estoy consiguiendo, el dolor sigue destrozando el alma, ya sea junio, octubre, enero o abril.
15 años ya y te sigo añorando Daniel.
Me prometí recordar sin llorar.
Y aunque lo estoy consiguiendo, el dolor sigue destrozando el alma, ya sea junio, octubre, enero o abril.
15 años ya y te sigo añorando Daniel.
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