sábado, 16 de enero de 2010

La historia se repite

Nunca he hecho mucho caso cuando alguien ha comentado: "la vida es cíclica, solo repetimos el mismo círculo". Pero esta semana he sentido que dos años no habían pasado, que todo se repetía cuando han vuelto a ingresar a mi madre en el hospital para realizarle otra operación en su rodilla... bueno, en su otra rodilla.

Hace veintiseis meses ocurría esto:

Madre sólo hay una

Una llamada de teléfono.

Un ingreso hospitalario.

Una operación.

Una espera.

Nervios en la espera.

Más nervios en la larguísima espera.

Mucha tila.

Comerme las uñas cuando hace más de treinta y cinco años que dejé de hacerlo.

Repasar todos los periódicos gratuitos habidos y por haber... todos dicen lo mismo.

Una conversación con la cirujano.

Todo bien.

Más espera.

Muchos paseos por el larguísimo pasillo... contanto las losas de distinto color del suelo.

Una habitación de enfermería empapelada, literalmente, en imágenes, poster y fotos de George Clooney.

Comida de hospital.

Enfermos ingresados, pijama de verano y botellita de suero incluido, en la calle, a las once de la noche, fumando espero... (que aunque en Málaga haga muy buena temperatura, estamos a finales de octubre).

Mala educación y agresividad en enfermos y visitantes que fuman dentro del recinto hospitalario, en pasillos y salas de espera.

Buen trato del personal.

Noche pasada en un sillón viejo y lleno de bultos y con la mano de mi madre en la mía.

Cachondeo de cierto ATS con mi madre con respecto a cierta braga que ha quedado enganchada en el vendaje.

Algunas risas.

Quejidos disimulados.

Alguna cabezada y como consecuencia de ella, dolor de cuello durante todo el día.

Tricotar un vestido para Estel.

Vuelta a casa durante unas horas, para asearme un poco, ver a las pequeñas y en breves instantes, volver con ella.

Y aunque jamás he echado en falta pertenecer a una familia más grande, en este momento agradecería de manera infinita, disponer de más ayuda... porque madre solo hay una, aunque ciertas personas olviden todo lo que ella ha dado por ellos.

Nota: y todos estos días sin trabajar, pasarán factura en esa nómina misérrima que cobraré, pero como ya he dicho antes, solo devuelvo la mínima parte de todo lo que ella ha dado por mi.






Y esta semana la historia ha sido practicamente igual... aunque la rodilla no era la misma ni el equipo médico, ni el hospital. Pero los nervios igualitos. El resultado de su operación de libro (según su cirujano). El dolor de cuello y espalda por dormir en un sillón de un hospital, idem.

No ha habido habitación empapelada de Georges Clooneys... pero si chiste con la enfermera y una braguita; mi madre no cambia, camino del quirójano e intentando ligar... aunque lo mejor ha sido a la vuelta cuando la misma enfermera le ha preguntado como se encontraba y su respuesta:

- Pues hasta dentro de unas semanas no sabré si estoy embarazada o no, pero claro, con tanto hombre guapo viéndome sin bragas...

Definitivamente, mi madre no tiene remedio.

Y la quiero.

martes, 5 de enero de 2010

Año nuevo, vida nueva o la antigüa reinventada

Año nuevo, vida nueva.

O la antigüa reinventada. Porque estoy viviendo unas navidades familiares, en toda la extensión de la palabra.

Y feliz por ello.

Eso si, en la lotería de Navidad, a pesar de ser el año en que más he jugado... bueno, hemos (tengo que acostumbrarme a volver a hablar en plural), nada de nada.

De salud, mal, gracias. Al menos ando de pruebas y repruebas para al final confirmar que los años siguen pasando. Tuve un bajón depresivo importante el día que mi doctor me habló de menopausia precoz... y la sensación de dejar de ser una mujer completa.

Absurdo, lo sé.

Pero queda ese pellizquito en el estómago. Un sueño, no que se rompe, sino que se esfuma. No podré volver a ser madre de nuevo junto a la persona que amo.

Por cierto, es la primera Navidad en que pierdo peso... ¿será el amor?

El trabajo, como hasta ahora, mal pagado. Pero al menos sigo teniendo.

Las leonas, volviéndome un poquito loca con sus cambios hormonales y de humor. Pero orgullosa de ellas, que le vamos a hacer, soy su madre.

El gatito, mimoso, como me gusta y me hace feliz.

Las dos gatas de casa, ignorándose hasta que se descubren y terminen a guantazo limpio, con bufidos incluidos. Espero que algún día les de por descubrir que haciéndose mimos se vive mejor. Eso si, ahora hacen mucho más ejercicio y no se dedican todo el día y dejar vacío su platito de comida.

Pero esta noche llegan los Reyes Majos... esos reyes que alguien me enseñó a creer en ellos hace unos años, cinco ya en concreto. Y como he sido buena (chissss.... tú, si tú, no cuentes lo que ya sabes) espero recibir regalos.

Bien pensado, a avariciosa no me gana nadie, que también he recibido regalos para Navidad... ejem...

Así que feliz día de Reyes para todos y que os traigan muchos regalitos... de esos no físicos, que son los más importantes.



Nota: hace una semana escribí un post que se perdió en el limbo de las des-conexiones. Días después y con nuevo dispositivo wireless, espero que a éste no le ocurra lo mismo. Cruzando dedos.