martes, 25 de noviembre de 2008

Mirando al futuro cercano

Escrito el 24 de abril del 2007

Mirando a lo lejos

Vivo en una calle con pendiente, al principio no muy grande, aunque en los últimos tramos, aumenta bastante. Menos mal que mi casa se encuentra en el primer tercio de la calle... cuando embarazada, llegaba con las bolsas de la compra, creía que nunca recorrería esos últimos metros hasta el portal del edificio y ahora, bueno, ahora me toca trabajar en esa calle, recorrerla entera, hasta el último número y os aseguro que las piernas pesan subiendo la cuesta cargada de mercancía.

Y cuando recorres la calle en sentido contrario, ni se me ocurre mirar al suelo, la vista es demasiado maravillosa para perdémela. Al fondo a la derecha el jardín botánico, te hace soñar con viajes maravillosos y paraísos muy lejanos...

Pero sobre todo, si miras al frente, un enorme caserón se instala en tu imaginación. Dos plantas, balcones, ventanales enormes, terrazas...

Sueñas en como sería la casa en sus inicios, recién construída... en ventanas con cristales y cortinas tras ellas, en paredes recién pintadas, en balcones engalanados. Sueñas en habitaciones con muebles, en la rica familia que viviría en ella o simplemente pasaría sus vacaciones. Sueñas en señoritas con miriñaque recibiendo a galantes caballeros en el jardín.

Sueñas en que tienes dinero y restauras esa enorme casa. Sueñas en volver a poner cristales en las ventanas y cortinas tras ellas. Sueñas en un jardín cuidado...

... lástima de vivir en el primer tercio de la calle y que justo delante del portal de tu casa, descubres que solo son sueños. En ocasiones prefiero seguir soñando, hasta el final de la calle, hasta que mis ojos pierden de vista el enorme caserón abandonado, aunque después me toque subir de nuevo la pendiente de la calle.

Quien sabe, tal vez un día deje de ser un sueño y pueda recibirte en esa preciosa casa, aunque no use miriñaque y tu no seas un galante caballero...


Y ayer, día 24 de noviembre del 2008, al ir a levantar la vista y buscar esa casa de mis fantasías románticas, la casa de mis sueños... no la encontré. Los balcones no estaban en la primera planta... no había primera planta, ni paredes sucias, ni tejado... solo cascotes en el suelo. Después de tantos años dirigiendo mi vista a esa casa en la lejanía de mi horizonte, la echo en falta. Mis sueños siguen, la casa ha desaparecido. Pero tengo la seguridad, ya no es un sueño, de poder recibirte en mi hogar cuando llegues a casa, de que eres mi galante caballero al menos los próximos cincuenta años.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Festín de cuervos de George R.R. Martin

- No lo entiendes. Anoche...

- Anoche orasteis a vuestros muertos, a los dioses que os crearon a los dos. Xhondo hizo lo mismo. Yo tenía al bebé; si no, habría estado con él. Los ponientis os avergonzáis del amor. El amor no tiene nada de vergonzoso, y si los septones os dicen que sí, es que vuestros siete dioses son unos demonios. En las Islas sabemos que no es así. Nuestros dioses nos dieron piernas con las que correr, narices con las que oler, manos con las que tocar y acariciar... ¿Qué dios loco y cruel le daría ojos a un hombre y luego le diría que los tuviera siempre cerrados, que no contemplara nunca toda la belleza que hay en el mundo? Sólo un dios monstruoso, un demonio de la oscuridad. - Kojja puso la mano entre las piernas de Sam -. Los dioses también te dieron esto para algo, para... ¿Cómo se dice en ponienti?

- Follar - contribuyó Xhondo de buena gana.

- Para follar. Para dar placer y hacer niños. Eso no tiene nada de vergonzoso.

Sam retrocedió un paso.


"Festín de Cuervos" de la saga de Canción de Hielo y Fuego de George R.R. Martin.

Es muy fácil trasponer esta parte de la historia a la Iglesia actual. Tal vez demasiado fácil. Siempre he considerado el amor y el sexo como algo natural del ser humano. Nunca algo pecaminoso ni prohibido, aunque en mi educación entrara por completo la obligación, como mujer, de llegar virgen al matrimonio y por consecuencia, tener una sola pareja a lo largo de toda mi vida. Soy creyente y como tal mucha veces entran en conflicto mi vida y las creencias que pretenden imponerme.

Tengo dos dedos de frente y en ese aspecto lo siento, jamás seré una buena católica. Si Dios es amor, tal y como quieren enseñarnos actualmente, debe ser con todas sus consecuencias. Amor sean del sexo que sean los integrantes de una pareja, de una familia. Amor es amor tanto si esa pareja se ha casado como si no. Amor es amor tanto si ese niño tiene un padre, una madre, dos padres, dos madres o un padre y una madre.

Como ser humano, tengo derecho a tener mis propias conclusiones y ser coherente con ellas. Como católica, creyente y practicante, debo obedecer una sería de normas. Como persona con dos dedos de frente, opto por el amor, con todas sus consecuencias.

Ahora me toca luchar porque la Iglesia siga evolucionando...

Nota: Zarem, esto va por ti, para que sigas llamándome beata.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Escarlatina

Conversación escuchada mientras espero a que cambie el semáforo para cruzar la calle.

Día: 13 de noviembre del año 2008. Jueves.

Conferenciantes: tres amigas que se encuentran en ese semáforo, una de ellas con una hija de unos 4 años.

- Uis.. ¿qué hace Margarita contigo? ¿No la has llevado hoy al colegio?

- No, está malita, tiene la escarlatina.

- ¿Escarlatina? ¿De que me suena?

- Pues de la peli, de Mujercitas. La de la Elizabeth Taylor esa. La hermana pequeña se muere de escarlatina - responde la tercera amiga en discordia.

- Pues si es una enfermedad tan peligrosa ¿por qué la sacas a la calle?

- Pero si el médico me ha dicho que es como una faringitis, pero con manchitas... Ya ha pasado siglo y medio desde que la hermana de Jo se murió...

El semáforo cambia y empiezo a cruzar, sonriéndome por el método que han utilizado para identificar la enfermedad. La cultura cinematográfica ha servido en esa ocasión para ello.




lunes, 10 de noviembre de 2008

Una tarde perfecta

Aclarar que Wendeling no tiene sueños proféticos ni rige su vida por ellos. Sólo los recuerda, sobre todo si alguna escena (o tal vez la última antes de despertar) le ha impresionado por alguna razón. Justamente lo que ha ocurrido en un par de sueños en la última semana... aunque más que un sueño original, empiezan por un recuerdo de hace muchos años...

Wendeling sigue volviendo a la casa del fantasma en cada vacaciones o finde largos que puede. Las relaciones con sus amigas de la infancia ya no son lo mismo, por lo que busca a sus primas de edad similar. Al final, según ocasiones, sale con dos pandillas de chicas distinta, cada grupo tiene sus gustos y lugares habituales de reunión y Wen se siente bien con ambos; el grupo de su prima Montse es más joven, rebelde, caótico, atrevido. Y el de su prima Wen (son tocayas, en total hay hasta ocho primas que se llaman igual en la familia), solo unos meses menor que ella, son más tranquilas y tradicionales. Atienden a las recomendaciones paternas y raramente llegan tarde a casa.

Y ahí están, un sábado por la tarde de un soleadísimo invierno. No hace nada de frío para ser febrero, pero anochece pronto así que tampoco se atreven a ir de bares. Tienen que estar pronto en casa...

- ¿Y por qué no vamos a ver a las hermanas?

- ¿Eh? - Wendeling no sabe de que hablan exactamente. - ¿A vuestras hermanas?

Se ríen. Son cinco contando a Wen y su prima.

- No, al convento.

Abre mucho los ojos, porque exactamente no sabe de que hablan. Conoce la existencia de un convento un par de kilómetros a las afueras del pueblo. Es de clausura y aunque ha pasado un montón de veces por delante y pensado en las mujeres que viven allí, jamás se le habría ocurrido visitarlas. Sobre todo por su mal experiencia con cierta Sor Teresa que le amargó sus primeros años de colegio.

Así que a sus 15 años, van todas al convento, las lleva el padre de una de ellas en el coche... como sardinas en lata pero contentas... salvo Wen que tiene algo de nervios

"¡Un convento de clausura! ¿qué vamos a hacer allí?"

Y para su sorpresa, pasó una de las mejores tardes de su corta vida. Distinta, original, divertida y muy dulce. Las amigas de su prima eran habituales y las hermanas que las atendieron, eso sí, a través de una reja y tras una cortina que solo terminaron por correr cuando el único hombre se despidió tras indicar que volvería a buscarlas en un par de horas.

Una mesa camilla... mejor dicho, dos, una a cada lado de la reja. Y al menos ocho hermanas que se fueron sustituyendo (nunca más de dos a la vez) y con las que conversaron de todo un poco. De como era la vida dentro y fuera de allí, de sus ilusiones de niñas, de porqué decidieron un día dedicar su vida a rezar por los demás, de todo el trabajo que hacían dentro del convento, porque cultivaban sus propias verduras y cuidaban sus animales, gallinas y corderos, para alimentarse. De la vaca que les daba la leche y de esos dulces tan ricos que nos dieron con un caliente vaso de chocolate.

Les mostraron sus caras, sus sonrisas y hasta carcajadas con algunas anécdotas y en ningún momento intentaron adoctrinarlas. Poco antes de la hora incluso les permitieron entrar a la capilla, pequeñísima porque solo eran quince mujeres pero muy bella, con tapices bordados y una única imagen además del crucifijo.

Al final un "Dios os bendiga", un "rezaremos por vosotras, por vuestro futuro" y la certeza de Wendeling de que ninguna estaba encerrada allí por obligación, sino por propio deseo de servir a los demás de una manera distinta a la habitual... rezando.

Mis dos sueños comienzan en esa tarde ¿Por qué ha vuelto después de tantos años a mi memoria? no lo sé. Pero agradezco volver a recuperar esas horas tan distintas a las habituales. Extrañamente perfectas. La última noticia que tuve de ellas fue hace unos años, que alguien me comentó que se cerraba el convento, sólo quedaban tres hermanas muy mayores que casi no podían mantenerse. Nunca tuve vocación de monja, sino de ser madre. Pero perdura la sensación de su vida plena por decisión propia.

Dios os bendiga, hermanas, allá donde esteis.

martes, 4 de noviembre de 2008

Desapariciones y evoluciones

El camino sigue adelante y una va andando, a veces pasito a pasito y en otros momentos a grandes zancadas. Aunque hay ocasiones en que descansas un poco en una enorme roca, sentada, miras atrás y descubres todo lo que has avanzado... también observas esas desviaciones que has optado por no tomar y mal que te pesen, piensas que habría sido si hubiera escogido ir por ahí.

El traslado del blog ha conseguido que observe atrás, que descubra mi evolución y que eche de menos a tantos y tantos amigos que durante un tiempo (a veces días, otros meses) me acompañaron con sus comentarios, dándome ánimos y literalmente agarrando mi mano para apoyarme y no caer de nuevo. Y no puedo evitar buscar sus bitácoras, intentar saber porqué un buen día desaparecieron. Algunos dejaron su casa con la puerta abierta y la mesa puesta, esperando una nueva historia que jamás llegó. Otros borraron todo vestigio de su paso... e imagino que evolucionaron o sencillamente escogieron otro camino distinto al mío. Pero en cierta manera duele saber que nada será lo mismo, que no tienes manera de localizarlos o si lo intentas, no recibas respuesta.

Y también están los que siguen ahí, cerca, muy cerca, a tu lado.

A todos, los que estuvieron y ya no están, los que pasaron fugazmente, los que se quedaron, los que siguen ahí aunque en ocasiones haya dejado de escuchar su voz... a todos... gracias.

Han sido cuatro años, mis hijas han crecido y son ya adolescentes con distintos problemas aunque sean los mismos de la vida. Yo tengo un objetivo en mi vida y tal vez esta nueva senda se reescriba muy pronto a cuatro manos.

Los pedazos han vuelto a su sitio, los sueños rotos han dejado de doler.