Entonces Beren y Lúthien atravesaron el Portal y descendieron las escaleras laberínticas; y juntos llevaron a cabo la más grande de las hazañas jamás intentada por Hombre o por Elfo alguno. Porque llegaron hasta el trono de Morgoth en el más profundo de los recintos, un palacio sostenido por el horror, iluminado por el fuego, y repleto de armas de tormento y muerte. Allí Beren se escabulló en forma de lobo bajo el trono; pero Lúthien perdió el disfraz por voluntad de Morgoth, que le clavó la mirada. Y ella no se amilanó, dijo cómo se llamaba, y ofreció cantar ante él a la manera de un trovador. Entonces Morgoth, al ver la belleza de Lúthien, concibió pensamientos de una malvada lujuria, y un designio más oscuro que ninguno que hubiese albergado en el corazón desde que huyera de Valinor. Así fue burlado por su propia malicia, porque la observaba, dejándola libre por un rato, complaciéndose secretamente en sus propios pensamientos. Entonces de súbito ella escapó a los ojos de Morgoth, y empezó a cantar desde las sombras una canción de tan sobrecogedora belleza y de un poder tan encegador que él no pudo dejar de escucharla, y se quedó ciego, y volvía los ojos a un lado y a otro buscando a Lúthien.
Toda la corte yacía ahora adormilada y todos los fuegos vacilaron y se extinguieron; pero los Silmarils en la corona de Morgoth refulgieron de pronto como llamas blancas; y el peso de la corona y de las joyas le dobló la cabeza, corno si sobre ella llevara el mundo, cargado con un peso de inquietud, de dolor y de deseo que ni siquiera la voluntad de Morgoth podía soportar. Entonces Lúthien, sosteniéndose el vestido alado, saltó al aire y su voz descendió como la lluvia sobre los lagos, profunda y oscura. Echó la capa ante los ojos de Morgoth y lo sumió en un sueño, tenebroso como el Vado Exterior por el que una vez él había andado solo. De pronto Morgoth cayó, como un monte que se derrumba, y arrojado como el rayo fuera del trono quedó postrado boca abajo sobre los suelos del infierno. La corona se le soltó de la cabeza y rodó retumbando. Todo estaba quieto alrededor.
Como una bestia muerta Beren yacía en el suelo; pero Lúthien lo despertó tocándolo con la mano, y él se sacó el disfraz de lobo; y esgrimió el cuchillo Angrist; y de las garras de hierro que lo sostenían, quitó uno de los Silmarils.
Fragmento "De Beren y Lúthien" de El Silmarillion, J.R.R. Tolkien.
Nota: Por muy díficil, por muy complicado, por muy imposible que sea luchar contra el mal personificado (como en el caso de Morgoth), hay días que me gustaría convertirme en Lúthien, porque al menos sabría contra quien estoy peleando. Porque hoy me he sentido por completo indefensa ante la maldad de una enfermedad que ha atacado por igual a mis dos hijas... porque me han faltado manos, me ha faltado tiempo, me ha faltado fuerzas para atenderlas a las dos. Si ayer me sentía indefensa porque era yo la enferma, ha sido hoy cuando realmente he sentido ser sólo una persona y no tener el poder de convertirme en dos.
Recuerdo una frase de mi padre: "Cada uno llora por donde le duele".
Toda la corte yacía ahora adormilada y todos los fuegos vacilaron y se extinguieron; pero los Silmarils en la corona de Morgoth refulgieron de pronto como llamas blancas; y el peso de la corona y de las joyas le dobló la cabeza, corno si sobre ella llevara el mundo, cargado con un peso de inquietud, de dolor y de deseo que ni siquiera la voluntad de Morgoth podía soportar. Entonces Lúthien, sosteniéndose el vestido alado, saltó al aire y su voz descendió como la lluvia sobre los lagos, profunda y oscura. Echó la capa ante los ojos de Morgoth y lo sumió en un sueño, tenebroso como el Vado Exterior por el que una vez él había andado solo. De pronto Morgoth cayó, como un monte que se derrumba, y arrojado como el rayo fuera del trono quedó postrado boca abajo sobre los suelos del infierno. La corona se le soltó de la cabeza y rodó retumbando. Todo estaba quieto alrededor.
Como una bestia muerta Beren yacía en el suelo; pero Lúthien lo despertó tocándolo con la mano, y él se sacó el disfraz de lobo; y esgrimió el cuchillo Angrist; y de las garras de hierro que lo sostenían, quitó uno de los Silmarils.
Fragmento "De Beren y Lúthien" de El Silmarillion, J.R.R. Tolkien.
Nota: Por muy díficil, por muy complicado, por muy imposible que sea luchar contra el mal personificado (como en el caso de Morgoth), hay días que me gustaría convertirme en Lúthien, porque al menos sabría contra quien estoy peleando. Porque hoy me he sentido por completo indefensa ante la maldad de una enfermedad que ha atacado por igual a mis dos hijas... porque me han faltado manos, me ha faltado tiempo, me ha faltado fuerzas para atenderlas a las dos. Si ayer me sentía indefensa porque era yo la enferma, ha sido hoy cuando realmente he sentido ser sólo una persona y no tener el poder de convertirme en dos.
Recuerdo una frase de mi padre: "Cada uno llora por donde le duele".