sábado, 27 de marzo de 2010

Momento surrealista del día

Miércoles, 24 de marzo.

Hora: sobre media mañana.

Lugar: Alameda Principal.


Sales de la oficina después de presentar tus informes semanales del trabajo.
Miras el reloj, como estás por el centro de la ciudad, piensas que puede darte tiempo a hacer algunas compras antes de volver a casa a preparar la comida.
Esperas el bus.
El bus parece que no está dispuesto en llegar a tiempo.
Sigues esperando el bus.
Miras el reloj, el tiempo sigue pasando.
Por fin llega el bus.
Miras el reloj y llegas a la conclusión de que tal vez, sólo tal vez, si te das mucha prisa, puedas hacer esas compras antes de que cierren las tiendas.
Por fin el bus llega a la Alameda Principal.
Vuelves a mirar el reloj, 10 minutos para el cierre de la tienda en específico que al final has escogido antes de la vuelta a casa... las demás las dejas para otro día.
Bajas del bus y más que andar, vuelas al cruce del semáforo para ir a calle Marqués de Larios.
Esperas a que cambie el semáforo.
Miras el reloj.
El tiempo pasa.
Cambia el semáforo.
Echas a andar, levantas la vista y ves, pero no miras, como una pareja mayor empieza a cruzar en dirección opuesta a la tuya por el cruce del semáforo para peatones.
A mitad de camino del cruce, mientras vuelves a mirar el reloj, sientes como alguien tropieza contigo... y literalmente, mete su nariz entre el canalillo de ese estupendo escote que hoy has decidido lucir.
Y mientras ayudas al pobre señor a salir donde se ha metido, descubres por qué "Chiquito de la Calzada" es chiquitín

lunes, 15 de marzo de 2010

Vecinos y confidencias

Cuando vine a vivir a mi casa actual, choqué con unos vecinos de planta bastante estrambóticos.

La vecina pared con pared, tenía miedo a vivir sola, así que pasaba temporada tras temporada repartida entre sus hijos, venía a su casa ocasionalmente, cambiaba la ropa de temporada y volvía a marcharse... ya falleció y su hijo puso la casa en venta. Monty y yo fantaseamos con comprar esa vivienda, pero piden un precio tan exorbitante, que nos quedamos en eso, en fantasear con tener un piso con el doble de m2.

Los vecinos justo de enfrente eran los más normales, jubilados y con hijos casados, una pareja que llevaba años compartiendo su vida, hasta que ella falleció en un accidente doméstico absurdo. A partir de ese momento, el marido desapareció dentro de su vivienda. Solo me lo he tropezado algún domingo en la iglesia, cuando acudimos a oir misa. Sé que sigue viviendo, veo sus ventanas abrirse y cerrarse, su colada tendida, nos tropezamos en ocasiones en el rellano de casa al entrar o salir, pero las conversaciones se han reducido drásticamente a un hola, un adiós o un como han crecido mis hijas.

Los vecinos justo de la diagonal... ejem... no sé exactamente como describirlos. Ella se me presentó como bruja, así, tal cual:

- Hola ¿la nueva vecina? Yo soy J. bruja profesional, ya sabes, si te hace falta algún día un sortilegio o que te rece y encienda algunas velas, cuenta comingo.

- Hola. Gracias por el ofrecimiento, pero yo no creo mucho en esas cosas... más bien no creo nada.

- No importa, no hace falta creer para que se cumpla lo que sea. Los santos me tienen en buena estima...

Opté por sonreir en despedida y ya con la puerta cerrada, darme un buen hartón de reir.

Su marido es alcohólico. Nunca lo he visto borracho al completo, pero en los casi 20 años que lo conozco, siempre... siempre... siempre... sea la hora del día que sea, lo he olido bebido.

Sus hijos son para comer aparte, drogas incluidas.

Y todo este preámbulo para contaros la extraña conversación que he tenido con mi vecino, el marido de la bruja, cuando hoy, al tropezarme con él al venir de la compra, me ha contado, en confianza claro, que ha visto a mi ex-marido con una chica en cierto bar de tal barrio de la ciudad.

- Pues muy bien que hace.

- ¿Cómo?

Su cara de sorpresa ante mi respuesta era todo un poema. ¿Qué esperaba al contarme eso? ¿Qué montara en cólera? ¿Qué me deprimiera y llorara mi pérdida? ¿Qué me encelara y soltara sapos y culebras por mi boca?

Y mi carcajada consiguiente al entrar en casa y cerrar la puerta. Casi idéntica a cuando su señora me propuso hacer conjuros para conseguir todo lo que yo quisiera.



Nota: Estamos teniendo problemas para publicar nuestros post por culpa de blogger. Monty anda intentando arreglarlo, pero por si acaso, aviso que no sé cuando volveré a poder escribir... o tal vez tengamos de trasladar los blogs a una nueva dirección.

jueves, 4 de marzo de 2010

Pedida

Conversación escuchada en la puerta de un instituto, mientras espero a mi siguiente cliente que me ha citado ahí.

Hora: 11:15 de la mañana.
Día: jueves, 4 de marzo del año del señor (o de quien se adjudique el evento) 2010.
Conversadores: Profesor, adulto, unos 40-45 años y alumna, adolescente, como mucho 15 años de edad.

- ¡Yaiza! ¡Estás perdida! ¿qué te ha pasado estos días que no has ido a clase?

- Es que me he ido a mi Tierra unos días.

- ¿Marruecos?

- Si. Volví ayer.

- ¿Y qué tal la experiencia?

- Estoy pedida.

- ¿Qué? - el profesor enfatiza mucho esa pregunta.

- Que me han pedido. Cuando vuelva, quizás me case.

- ¿Tú quieres? ¿Lo conoces?

- Si, desde que era niña. Mi familia ha dicho que si.

- Pero a ver.... ¿No has aprendido algo aquí?

- Claro.

- ¿No te he enseñado que siempre hay opción? ¿Qué eres tú quien eliges?

- Mi familia ha dicho que si.

- Bueno, si quieres hablar, sabes dónde encontrarme... Te puedo presentar a alguien...

La chica lo deja casi con la palabra en la boca.

- Bueno, no está mal, es mayor pero al menos lo conozco.

Y entra en el instituto cabizbaja. El profesor la observa alejarse y murmura un "¡Qué pena!" que yo escucho.




Nota: No pretendo escandalizar, frivolizar ni nada por el estilo. Sólo os dejo la conversación y mi desasosiego al escucharla. Mi hija tiene esa edad y no hace tantos años ocurría eso mismo en nuestra tierra...