lunes, 28 de septiembre de 2009

Tenemos chica nueva en la oficina...

Tenemos chica nueva en la oficina...
Que "no es Far*la" ni es divina.

Más que chica, es chico y es mi nuevo jefe.

Después de más de tres años en la misma empresa, con una jefa-supervisora que se convirtió al poco en más que jefa... en amiga. Ella ha sabido animarnos para conseguir objetivos, trabajar los extras, darnos esa pizca de seguridad en nosotros mismos que muchas veces nos falta...

Y un buen día, hace dos semanas, al llegar a mi visita semanal para presentar pedidos, me encuentro en su mesa a otra persona... al chico nuevo de la oficina.

Joven y sobradamente preparado... ¿o no?

Porque desde que él se convirtió en mi nuevo supervisor, he recibido una media de 2 llamadas de teléfono diarias y me ha obligado a vernos las caras 5 veces... en solo 14 días o más bien, 12 días de trabajo.

Antes tenía completa libertad de horarios siempre y cuando cumpliera objetivos.

Ahora todo es poco... los objetivos no importan, sino ser el primero en ventas...

.... ¿eh? ... ¿dónde me he metido? .... ¿perdón? ....

Soy de mente bastante abierta, capaz de escuchar sugerencias, proposiciones, nuevas técnicas de ventas... Pero lo siento, me niego a estafar y/o engañar por ser la primera. No es mi estilo.

Nunca he estado en la élite en mi oficio, pero siempre he cumplido siendo honesta y honrada con las personas a las que trato. Muchos de mis clientes con el tiempo se han convertido en mis amigos de todas a todas, me han ayudado cuando he tenido problemas y no me ha importado retrasar pagos si ellos lo han necesitado.

Así que espero sinceramente que el chico nuevo de la oficina cambie de parecer o terminaré teniendo serios problemas en mi trabajo.

sábado, 19 de septiembre de 2009

La nueva compi de Ithilien

Tanto Estel como Ithilien empezaron el pasado 15 de septiembre sus cursos respectivos.

Es el primer año de la pequeña en el instituto, los primeros días en que todo es nuevo y sorprendente. Nuevo edificio en el que se codea, aunque sea al entrar y salir de clase con personas adultas... o casi... o semi... o un simulacro de adultez futura. En el que ya no es de las mayores, sino de las pequeñas. En el que estudiará nuevas materias, porque las asignaturas se han desdoblado. Con nuevas obligaciones, con profesores totalmente desconocidos a no ser por los comentarios de su hermana que vivió todo esto el curso pasado.

Y aunque ha coincidido en clase con algún compañero de su colegio de primaria, también hay niños y niñas que vienen de otros colegios de la zona, de los que desconoce su personalidad, sus ideas, en definitiva, de que pie cojean para que a ella no la pillen a traspié.

Por ahora todo es nuevo y emocionante, aunque es novata y está con el ojo a la espalda por la ocasional lluvia de huevos que puede llegarle algún día.

Pero como contó a su madre, hay una compañera muy especial en su clase, por la que empieza a sentir una gran admiración. Marimar viene a clase sola, todos los días, como Ithilien, como la gran mayoría de los alumnos que viven relativamente cerca, a sus 12 años. Pero Marimar no usa sus pies para acercarse al insti, sino una silla de ruedas. Tampoco usa sus manos para dirigir esa silla, sino su boca. Marimar no puede mover su cuerpo del cuello para abajo. Pero eso no le ha impedido ser una niña despierta, simpática y dicharachera... no le ha impedido aprender a leer ni escribir... no le ha impedido sacar buenas notas... y no le ha impedido aprender a defenderse de esos desaprensivos que se creen superiores porque te miran desde arriba.

Ithilien admira a su nueva compañera al verla escribir con la boca, al ver manejar esa silla tan grande con su cara, al escuchar lo que responde cuando el listillo de turno se hace el gracioso al comentar que a Marimar solo le sirven los pies para presumir de zapatos nuevos todos los días.

- Te crees que eres mejor que yo porque tu puedes usar tus pies, pero vigila tu espalda, porque cualquier día una silla de ruedas sin control puede atropellarte y te aseguro que esta silla no se cansa tan fácilmente como tus pies.




Nota: y yo admiro a los padres de Marimar, que han sabido inculcarle a su hija el amor al estudio y el orgullo de superación que ha demostrado día a día para llegar a donde está.

Nota adicional: A cada madre/padre le duele su propio hijo, por descontado, pero yo me lo pensaría seriamente cuando escucho a esos madres/padres que culpan a los profesores cuando su niño no es capaz de aprobar una asignatura siendo sus hijos lo bastante inteligentes para memorizar todos los jugadores de los equipos de la 1ª división... para aprender la clasificación mundial de fórmula 1... para saberse los precios de la ropa de marca de la temporada... pero incapaces de escribir una simple carta de amor sin cometer 10 faltas ortográficas en 5 palabras.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Pay pay cardiaco

Ya no me sorprende escuchar a ciertas personas pronunciar leros por euros, puedo entender que a alguien mayor que jamás ha usado ese tipo de diptongos iniciales le cuesta más o menos trabajo pronunciarlos.

Mi abuelo decía naide, o probe.

Mi abuela intentaba hacerse la culta y cambiaba todo su ceceo habitual por un seseo ante desconocidos de la ciudad, seseo que podía dañar los oídos al escucharlo.

Pero llevo tanto tiempo que no captaba una palabra como la siguiente que no he podido evitar sonreirme...

Día: 10 de septiembre del 2009.
Lugar: cafetería con terraza a la calle.
Hora: sobre las 7 de la tarde.
Contertulios: un grupo de amigas ya entradas en años.

- ¿Cómo está tu hermana Manola?

- Bien, gracias. Ya le han dado el alta, está en la casa de su hija, la Paca.

- ¿Manola? ¿qué le ha pasado a tu hermana? - interviene una tercera señora.

- Pues empezó con un dolorcillo en el pecho y al final la han operado.

- ¿Si? ¿del corazón?

La señora, la hermana de Manola, asiente:

- Si, le han hecho un pay-pay en el corazón.

Primero mi desconcierto al escuchar la palabra en cuestión y después una sonrisa abierta cuando unos metros adelante, por fin descubro que lo que la señora quería decir era bypass.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Me gusta esa familia.

Hace tiempo me obligué a observar mi entorno. Me negué a que pasaran los días anodinos. Me obligué a aprender cada día algo nuevo. Me negué a seguir escondida bajo la manta.

Eso me impulsa a mirar constantemente, a intentar aprender de mis errores y de los aciertos de la gente de mi alrededor.

Verano en Málaga, centro de la ciudad. Cientos de turistas que mires donde mires, te rodean.

Una pareja de unos 40 años, pasean cogidos de la mano, cerca sus hijas adolescentes... Dos chicas de ¿quince? ¿dieciséis? años. Ríen, cuchichean entre ellas, se para a mirar a su alrededor aunque las retiene más los escaparates de esas tiendas de la calle Marqués de Larios tan exclusivas. Las niñas son tremendamente guapas, de una belleza exótica y extraña. Piel muy blanca, pelo castaño y muy rizado presentando pequeños tirabuzones. Ojos enormes, oscuros, nariz ancha y unos generosos labios que sonrien constantemente, boca que lanza grititos ante la vista de una camiseta y unas sandalias de un escaparate.

¿Y sus padres? ella nórdica, pelo fino y casi blanco de un largo hasta los hombros, ojos muy azules y piel rojiza por el sol... no muy alta. Él, con sus casi dos metros, agarra a su señora del hombro, le es más fácil por su diferente altura. Su brazo de piel oscura, casi negra, ofrece un extraño contraste en la espalda blancuzca de su esposa.

Me gusta esa familia.

Ojalá fuéramos capaces de aprender que el futuro de la humanidad pasa por ellos, por sentirnos realmente todos iguales.