Vacaciones currantes. Este año nada de salir de viaje, la dichosa crisis me ha pisado a fondo, hasta hundirme en una cuenta corriente que jamás estuvo llena... pero últimamente creo que hasta he encontrado telarañas con su arañita aburrida de no encontrar algo que llevarse a la boca.
Pero eso no ha impedido sentirme amada entre brochazo y brochazo a una pared de la casa. No ha impedido besar entre paños para limpiar la pintura sobrante. No ha impedido soñar en un futuro juntos, tan cercano que siento que lo toco con los dedos.
Y la ilusión por cambiar de sitio unos muebles y desechar otros, por ir de tiendas a mirar escaparates, hasta dolerte los pies, por mirar el color del céntimo (ofú, que caro todo).
Junto a la congoja, cuando ya no tienes nada y justo entonces decide tu lavadora ponerse de huelga de turbina caída... tantas cortinas, sábanas y ropa lavada las últimas semanas hizo que dijera basta. Justo un día después que el lector de dvd decidiera que todos los cd's y dvd's pertenecieran al grupo de "error en disco".
Solo unas semanas más, después de cuatro años... ya no queda nada gatito.
Nota off topic: Por fin conseguí que mi antigüa compañía de teléfono liberara mi número... aunque su última jugada ha sido cobrarme un mes de más un servicio que no me ha dado. Cuando he reclamado esa factura su respuesta ha sido que ellos cobran por mes adelantado y que por descontado, no me devolverán ese dinero de más porque no tengo derecho a esa reclamación. Seguiré peleando e informando.
viernes, 28 de agosto de 2009
viernes, 7 de agosto de 2009
Hijos
Mama Carmen era mi bisabuela. Mama (con la sílaba fuerte en la primera ma), mi abuela. Papa, mi abuelo... mamá y papá pues los propios.
Siempre me molestó cuando de niña me preguntaban el consabido:
- ¿A quién quieres más, a tus papás o a tus abuelos?
Y más cuando sin esperar mi respuesta, venía la coletilla:
- Seguro que a tus abuelos, si te están criando como si fueran tus padres.
No era cuestión de querer más o menos, al menos nunca lo pensé en ese término. Como niña aceptaba sin cuestionarme que mi vida era así. Vivía con mis abuelos y mi tío en su casa. Mi abuelo trabajaba por la noche de guarda en una bodega, así que aprovechaba a dormir en la misma cama con mi abuela... Hasta que mi tío se casó y se fue a su propia vivienda, pasé a su dormitorio... pero a la mínima volvía a la cama de mi mama. Su habitación no era tan fría y me encantaba escuchar sus historias de niña, en la cama, abrazadas las dos y sintiendo como te hundías en el colchón de lana virgen.
Y sobre todo me alimentaban sus historias. Eran la tercera hija, primera chica, de un total de dieciséis hermanos... así que le tocó hacer de casi madre de los pequeños. Vivían en una casa en medio de la sierra, tocaba limpiar la casa, hacer la comida, alimentar y cuidar a los pequeños y lo que más temía ella... a sus 7 ú 8 años, lavar la ropa.
- La lavadora es lo mejor que ha inventado el hombre... seguro que la idea fue de una mujer.
- ¿Mejor que las letras?
- Mejor... mejor... no te imaginas lo que es ir cargada de ropa a lavarla al río. Meter las manos en ese agua tan helada y restregar con el jabón una y otra y otra vez. Notar como te dolía las manos del frío y sentirlas rojas... y el asco.
- ¿Asco?
Sentía como afirmaba por el movimiento de la almohada.
- Si, de los pañuelos de mi padre... esos mocos pegajosos.... Mi madre siempre terminaba castigándome.
- Por lavar los pañuelos.
- Noooo.... porque le mentía. Le decía que se me habían escapado de las manos y se los había llevado el río. Pero la verdad es que los dejaba ir. Prefería el castigo. Incluso no me daba tanto asco los pañales de mi hermano Miguel o de mi hermana Gracia... pero esos mocos pegajosos...
Mama Carmen vivía con su hija menor, Gracia. A sus más de ochenta años, le gustaba visitar a diario a todos sus hijos, al menos a los que vivían en el pueblo. Tenía su horario y la visita a Mama correspondía con la merienda y la hora del café. Un café de puchero y que estuviera muy concentrado. Con los años casí había perdido el gusto en su boca, por lo que era habitual que se lo tomara muy caliente y protestara porque estaba ya frío.
- Mama Carmen.
- ¿Si, hija?
- Mama me ha dicho que tenía quince hermanos... ¿Cómo conseguías acordarte de todos los nombres?
Y empezó a darme una lista de nombres... algunos los reconocía, otros no.... un momento... creo que ya son más de dieciséis.
- Perdona Mama Carmen, te has equivocado, ahí van más de dieciseis. Y algunos nombres los has repetido.
- Claro, fueron veintitrés.
Y hoy he recordado esa historia... veintitrés hijos que llegaron a nacer, algunos murieron en su primer año de vida, otros en la primera infancia, alguno en la adolescencia y alguno más durante la guerra. Y mi empatía incluso en la distancia del tiempo me hace sentir el dolor de una madre ante la muerte de su hijo...
Os quiero Mama Carmen, mama, papa... os quiero papá y mamá... te quiero Daniel.
Nota adicional off topic: hace un mes ya que solicité la portabilidad de mi línea telefónica y conexión a inet... y ahora me informan que al parecer no existo, para mi actual compañía, no soy su cliente... para la nueva la otra empresa ha falseado mis datos para así no liberar mi número de teléfono... ¿opción? No quiero perder mi actual número telefónico pero tampoco seguir con esta empresa que desde un principio no ha cumplido con lo que se me ofreció.
Me da rabia... ni derecho al pataleo tengo porque... ¡tachán!... durante casi tres años he estado pagando unas facturas fantasmas... para ellos no soy su clienta...
Siempre me molestó cuando de niña me preguntaban el consabido:
- ¿A quién quieres más, a tus papás o a tus abuelos?
Y más cuando sin esperar mi respuesta, venía la coletilla:
- Seguro que a tus abuelos, si te están criando como si fueran tus padres.
No era cuestión de querer más o menos, al menos nunca lo pensé en ese término. Como niña aceptaba sin cuestionarme que mi vida era así. Vivía con mis abuelos y mi tío en su casa. Mi abuelo trabajaba por la noche de guarda en una bodega, así que aprovechaba a dormir en la misma cama con mi abuela... Hasta que mi tío se casó y se fue a su propia vivienda, pasé a su dormitorio... pero a la mínima volvía a la cama de mi mama. Su habitación no era tan fría y me encantaba escuchar sus historias de niña, en la cama, abrazadas las dos y sintiendo como te hundías en el colchón de lana virgen.
Y sobre todo me alimentaban sus historias. Eran la tercera hija, primera chica, de un total de dieciséis hermanos... así que le tocó hacer de casi madre de los pequeños. Vivían en una casa en medio de la sierra, tocaba limpiar la casa, hacer la comida, alimentar y cuidar a los pequeños y lo que más temía ella... a sus 7 ú 8 años, lavar la ropa.
- La lavadora es lo mejor que ha inventado el hombre... seguro que la idea fue de una mujer.
- ¿Mejor que las letras?
- Mejor... mejor... no te imaginas lo que es ir cargada de ropa a lavarla al río. Meter las manos en ese agua tan helada y restregar con el jabón una y otra y otra vez. Notar como te dolía las manos del frío y sentirlas rojas... y el asco.
- ¿Asco?
Sentía como afirmaba por el movimiento de la almohada.
- Si, de los pañuelos de mi padre... esos mocos pegajosos.... Mi madre siempre terminaba castigándome.
- Por lavar los pañuelos.
- Noooo.... porque le mentía. Le decía que se me habían escapado de las manos y se los había llevado el río. Pero la verdad es que los dejaba ir. Prefería el castigo. Incluso no me daba tanto asco los pañales de mi hermano Miguel o de mi hermana Gracia... pero esos mocos pegajosos...
Mama Carmen vivía con su hija menor, Gracia. A sus más de ochenta años, le gustaba visitar a diario a todos sus hijos, al menos a los que vivían en el pueblo. Tenía su horario y la visita a Mama correspondía con la merienda y la hora del café. Un café de puchero y que estuviera muy concentrado. Con los años casí había perdido el gusto en su boca, por lo que era habitual que se lo tomara muy caliente y protestara porque estaba ya frío.
- Mama Carmen.
- ¿Si, hija?
- Mama me ha dicho que tenía quince hermanos... ¿Cómo conseguías acordarte de todos los nombres?
Y empezó a darme una lista de nombres... algunos los reconocía, otros no.... un momento... creo que ya son más de dieciséis.
- Perdona Mama Carmen, te has equivocado, ahí van más de dieciseis. Y algunos nombres los has repetido.
- Claro, fueron veintitrés.
Y hoy he recordado esa historia... veintitrés hijos que llegaron a nacer, algunos murieron en su primer año de vida, otros en la primera infancia, alguno en la adolescencia y alguno más durante la guerra. Y mi empatía incluso en la distancia del tiempo me hace sentir el dolor de una madre ante la muerte de su hijo...
Os quiero Mama Carmen, mama, papa... os quiero papá y mamá... te quiero Daniel.
Nota adicional off topic: hace un mes ya que solicité la portabilidad de mi línea telefónica y conexión a inet... y ahora me informan que al parecer no existo, para mi actual compañía, no soy su cliente... para la nueva la otra empresa ha falseado mis datos para así no liberar mi número de teléfono... ¿opción? No quiero perder mi actual número telefónico pero tampoco seguir con esta empresa que desde un principio no ha cumplido con lo que se me ofreció.
Me da rabia... ni derecho al pataleo tengo porque... ¡tachán!... durante casi tres años he estado pagando unas facturas fantasmas... para ellos no soy su clienta...
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